Se cumplen dos siglos del traslado por la fuerza de la imagen de San Cayetano de la iglesia a su ermita en la sierra

Este jueves 19 de marzo, se cumplen 200 años del traslado por la fuerza de la imagen de San Cayetano a su ermita de la sierra. Según cuenta el Catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Alicante, Cayetano Mas Galvañ “aprovechando el desorden político provocado por el alzamiento de Riego, una multitud de hombres, mujeres y niños, al grito de «Señor cura, el santo a la sierra», forzó al rector a darles la llave de la iglesia, y a continuación se llevaron la imagen a la ermita.

El Trienio Liberal empezó en Crevillent de manera bien curiosa: con un alboroto popular motivado por la devoción a San Cayetano. Según cuenta Cayetano Mas Galvañ, el santo había sido motivo de disputa desde que en 1770 el obispado decidió que la imagen fuera bajada al pueblo, la antigua ermita -construida a finales del siglo XVII- derribada y las abundantes limosnas que recibía el santo se dedicaran principalmente a la construcción del nuevo -y actual- templo parroquial de Nuestra Señora de  Belén.

La decisión  no gustó a muchos, siendo además aquellos años de fuerte anomalía climática, con largas sequías y potentes tormentas, que interesadamente fueron atribuidas a la ausencia del santo de su ermita en la sierra.

Sigue contando Cayetano Mas Galvañ, que después de morir el obispo Tormo, el presbítero Cayetano Ardid construyó una nueva ermita en el mismo lugar de la anterior, que se inauguró con el traslado del santo en 1792. Esta situación, sin embargo, acabó provocando largas disputas jurídicas que enfrentaron a diversas facciones del clero y la sociedad crevillentina, sentenciadas por el gobierno a favor del clero parroquial en 1817. No es extraño que aún se diga en nuestro pueblo que algo «és més llarg que el plet de Sant Gaitano». Pleito, que se conserva en  el Archivo Histórico Nacional (Madrid).

Con motivo de un escándalo provocado el día de la celebración del santo de 1815 por los hermanos del ya difunto Ardid, la imagen se encontraba de nuevo en el pueblo, pero otra vez el clima se convirtió en un verdadero “Deus ex machina”: en enero de 1819, cuando ya estaba prácticamente acabada, la cúpula de la nueva iglesia de Belén resultó destruida por un rayo. No debió costar mucho sigue diciendo Mas Galvañ, que algunos interpretasen el hecho como un designio del propio santo, de forma que el 19 de marzo de 1820, hace ahora justo dos siglos, y aprovechando el desorden político provocado por el alzamiento de Riego, una multitud de hombres, mujeres y niños, al grito de «Señor cura, el santo a la sierra», forzó al rector a darles la llave de la iglesia, y a continuación se llevaron la imagen a la ermita.

Allí pasaría los siguientes años, hasta que hacia el 1826 la ermita se cerró  cerrada definitivamente y el santo bajado para siempre a Crevillent.