Celebradas Fiestas de San Isidro Labrador

*La Cofradía de San Isidro, ha celebrado los actos en honor al Patrón del campo español, que como cada año, han contado con gran afluencia de público. Como cada año en la Romería de Subida del santo a su ermita, participó el Grupo Chamberí que bailó «El Chotis de Eliseo» de Chueca y Valverde y un fragmento de «Agua, azucarillo y aguardiente» de Federico Chueca. *

Los actos comenzaron el martes con el rezo del Vía Lucis y la Misa  oficiada por  el asesor religioso de la Cofradía el rvdo Ramón Vicente Cano Montoya, párroco de Nuestra Señora de los Desamparados de Orihuela. En el transcurso de la misma se entregaba el título de Abanderada 2019 a Toñi Ripoll Moreno, Presidenta de la Cofradía del Santo Ángel de la Guarda. Finalizada la Eucaristía, la imagen de San Isidro, era bajada en alegre romería hasta la parroquia de la Santísima Trinidad. Numerosas personas, participaron en el cortejo en el que destacaron los niños y niñas ataviados con los clásicos trajes de «agüelets y agüeletes, chulapos y madrileñas.» que le dan un toque castizo y alegre a la fiesta.

La romería, contó con el acompañamiento musical de la Agrupación de Cornetas y Tambores “Nuestra Señora de los Dolores” y la Colla de Dolçainers i Tabaleters  de Crevillent.

Ayer miércoles festividad de San Isidro Labrador, a las siete y media de la tarde, en la “Ermita del Pont”, su párroco el rvdo Carmelo Ramón Rives,  oficiaba la Santa Misa que precedía a la Romería de Subida del Santo a su ermita. La parte musical estuvo un año más a cargo del Coro Costa Blanca “Veus de Crevillent”, que bajo la dirección de Vicente Navarro, interpretó los “Gozos a San Isidro”

Al igual que el día anterior, San Isidro estuvo acompañado de centenares de personas, destacando la presencia de niños y niñas que dieron un toque alegre y festivo a la Romería. En la misma participaron la Colla de Dolçainers i Tabaleters de Crevillent, el Grupo Chamberi y la Sociedad Unión Musical que interpretó durante el recorrido «El Chotis de Eliseo» de Chueca y Valverde y un fragmento de «Agua, azucarillo y aguardiente» de Federico Chueca.

A la llegada de San Isidro a su ermita, se disparaba un castillo de fuegos artificiales con el que concluían las fiestas.